sábado, 12 de mayo de 2012

Tiempo y distancia (El aguante de Marcelo Champanier II)

La primera vez que vi a Marcelo Champanier fue por casualidad, en un concierto de Ariel Rot en La Elipa en el que salió como invitado. Hizo entonces lo que, en mi opinión, debes hacer cuando vas a actuar para un público que no te conoce: salir sabiendo que no tienes nada que perder, salir sin complejos, salir, en definitiva, a liarla. Este es el momento:




No puedo asegurar que sea algo que funcione. Ni siquiera sé si es algo, en general, recomendable: no tengo ni idea de mercado ni de música. Sí sé que al día siguiente me puse a investigar y poco después me descargué (ilegalmente, lo reconozco) su disco El club del aguante.
En él, entre temas irregulares mezclados con momentos brillantes, una innegable capacidad melódica y un deje calamariano especialmente perceptible en "Rumba de la 2 (de mayo)", brillaban temas como "Ya sé que I´ve got you under my skin", "No me quiero volver" o "Encargada del amor".

Tardé mucho tiempo en saber de Marcelo: ser de provincias puede tener ciertas ventajas, sí, pero la variedad de conciertos, desde luego, no está entre ellas. (Ya lo canta Javier de Torres en "Los grupos ingleses"…) 
Una putada, porque Marcelo da la sensación de ser un animal de escenario y en alguna de las canciones parece latir sobre todo la promesa de lo que puede haber ahí, oculto, a punto de saltar. Que, a veces, es lo más importante en la música: esa promesa que a veces no acaba de concretarse del todo pero nos hace ir a conciertos, cantar desafinando, seguir comprándonos discos como gilipollas o, peor aún intentar sacarlos. Por cierto, que el propio Marcelo sacó un segundo disco aún mejor que el ya interesante primero, que empieza con un rock resacoso increíblemente sexy y elegante: el arrastrado “Buenas intenciones” y que, además, contiene la preciosa "30 lunas de Abril", la gramparsiana "Solo tu amor" o la delicada "Fantasmas de la noche".
Para los de provincias, nos queda el consuelo de la transmisión (sin el mismo feedback ni emoción) que nos proporciona a los paletos Youtube:
Aquí tenéis un ejemplo:




Ahora, Marcelo Champanier ha bordado una versión de Lou Reed que nos viene al pelo para tratar la situación política, social y, por qué no decirlo, musical en la que nos encontramos. “No hay más que hablar”, lectura castiza y contemporánea de “There is no time” que, si hubiera justicia y buen gusto en el mundo, tendría muchas opciones de erigirse como himno:



De nuevo, no sé si esto es una buena estrategia comercial: no tengo ni puta idea de mercado y tampoco, me temo, de música. Solo sé que me ha hecho acordarme de Champanier, reescuchar sus discos y, sobre todo, estar muy atento a la salida de su próximo trabajo que, al menos a primera vista, tiene una pinta cojonuda.

Para el que le pase lo mismo o algo parecido, esta es su página web:

Y para los descreídos, estos son los créditos de dicho disco:

TIEMPO Y DISTANCIA
con:
Claudio Gabis (guitarra), Tony Jurado (batería y precusión), Mac 
Hernández (contrabajo), Charlie Cepeda (guitarra y steel), Candy 
Caramelo (bajo), Luca Frasca (piano y teclados), Lea Aput (guitarra acústica) y Pepe Curioni (co-producción y coros)

Invitados especiales:
Ariel Rot, Laura (Garaje Jack), Vikxie, Litus, Fernando Martín, Yolanda 
Yone y  Perro Flaco.
El disco incluye la canción “El Laberinto”, compuesta junto a Claudio Gabis
& Sergio Makaroff y “Sueños (que se alejan como trenes)” con letra de 
Juan Mari Montes


Creo que no hay más que hablar. 




ACTUALIZACIÓN: CRÓNICA DE LA PRESENTACIÓN DE "TIEMPO & DISTANCIA" EN MADRID

(realizada por Víctor Martín para su blog: http://casualmenteaqui.wordpress.com)


Ayer por la tarde el argentino Marcelo Champanier, residente en España desde el año 2000, presentó su nuevo trabajo Tiempo&Distancia que llega tras El club del aguante y Buenas intenciones. En este nuevo largo, producido por el mismo Champanier, le han acompañado los grandes. Los más grandes: Claudio Gabis, que se encarga de la guitarra eléctrica en ocho de los diez cortes del disco y que compone junto a Makaroff uno de ellos (El laberinto) y Ariel Rot, que se deja escuchar en tres temas. Alrededor, una banda impresionante: Toni Jurado, Candy Caramelo, Mac Hernández, Luca Frasca, Charlie Cepeda… los sospechosos habituales de Ariel, Calamaro, Fito… y quizás este era uno de los mayores alicientes del concierto de anoche: Champanier y Gabis se presentaron solos, sin el sustento de una banda detrás. Delante unas treinta personas y en torno a todos los jardines de la Casa Sefarad. El vino, gratis. No está de mal decirlo y añadir que la entrada costaba seis euros. Si este tipo de eventos tuvieran algo más de publicidad y la gente algo más de cabeza los quinientos metros cuadrados de jardín deberían haber estado rebosando. Pero no entremos en estos inútiles temas y hablemos de la música.
Con Champanier al piano empezó la sesión y en este formato fue desgranando los temas más melódicos del disco. Mención especial para Lluvia de abril. Con permiso de Gabis y del propio Marcelo, la voz se convirtió por momentos en el instrumento fundamental.  Sabe lo que quiere hacer con ella y lo aplica con éxito. Lejos de echar de menos a la (numerosa) banda, Champanier creó ayer un disco nuevo con tres instrumentos. Diferente. Mucho más íntimo pero no por ello con menos cuerpo. Recogido pero sin renunciar a ese punto rock que tienen (y no deben perder) la mayoría de sus composiciones.


Para este punto rock, blues, Ariel, Stones… ningún acompañante mejor que Claudio Gabis. Curtido en (literalmente) mil  batallas, las manos de Gabis se mueven como las de Clapton: sin esfuerzo aparente, tocando la nota exacta en el momento preciso, sin cargar los temas de su compatriota y clavando el solo de rigor entre las dos partes del tema. Champanier nos regaló también una canción inédita (“compuesta hace una semana”; tuvo que hacer esfuerzos para recordar el título que le había puesto; yo, como ven, lo he olvidado…) que Gabis, en plan Fernando Merino, se encargó de acompañar a primera escucha, improvisando durante los cuatro minutos que duró. La parte más eléctrica (y la más estadounidense también) llegó con Fuera de la ley. Guitarra acústica en mano cambió de tercio por completo y a la canción que abre el disco se fueron añadiendo las más lúdicas y canallas*: Tres Marías (crónica de una etílica velada que el, digamos, yo lírico termina en casa de tres amigas; con algo de Victoria y Soledad de Calamaro) y Trío Calavera (oda a la amistad que el cantante dedicó a uno de sus amigos presente en el concierto).
Champanier tocó, por supuesto, el disco entero y añadió temas antiguos (impresionante, in-presionante, Lluvia de Buenos Aires), más el tema inédito al que me referí antes, pero lo cierto es que supo a poco. Queremos más. La próxima cita será en Clamores (22 de mayo) con cambio de papeles: será Gabis quien tome la batuta y Champanier el que haga el papel de invitado. Esta vez no digan que no les avisaron.



miércoles, 9 de mayo de 2012

Robando perchas del hotel: Nueva gira de Extremoduro


Ése es el nombre que recibirá la nueva gira de Extremoduro, que arranca el próximo 8 de septiembre en Sevilla. Y para presentarla va a haber una rueda de prensa abierta a todo el mundo a través de su página web. Por lo tanto, si quieres preguntarle a Robe algunos detalles del disco, de la gira, de su (oye, vete tú a saber) futura novela o (si te da por ahí) del último disco de Chuck Prophet, puedes hacerlo hasta el 23 de mayo enviando tu pregunta a: ruedadepreguntas@extremoduro.com. Eso sí, desde extremoduro.com se avisa: “Solo se contestará a las más brillantes por su interés, por su audacia, por su humor o por su mala leche”.
La gira Robando perchas del hotel pasará únicamente por las siguientes ciudades:

Sevilla, 8 de septiembre
Valencia,15 de septiembre
Murcia, 22 de septiembre
Madrid, festival En Vivo, 29 de septiembre (próximamente, más detalles)
Barcelona, 6 de octubre
Cáceres, 13 de octubre
Bilbao, 20 de octubre
La Coruña, 27 de octubre


martes, 8 de mayo de 2012

No me pegues con el palo, no me seas Severiano

Hoy se cumple un año de la muerte de Severiano Ballesteros, al que dedica un artículo Michael Robinson en El País, comparándolo con los Beatles y Mohammed Ali.

A nosotros no se nos ocurre mejor homenaje que la canción que en su día le dirigió Juan Antonio Canta. De grande a grande:




martes, 1 de mayo de 2012

Sr. Chinarro y Calamaro: Salmonalipsis Redux


Señor Chinarro se postula como “el salmón indie” y, justo después de publicar el disco doble “Menos samba!”, saca a la luz en su Bandcamp las maquetuchas de 17 canciones inéditas, con la intención de buscar músicos que le ayuden a grabarlas de forma profesional. Y quizás sea casualidad, pero también ahora  ha vuelto a marcar territorio, poniendo sus huevas en la mesa de Internet: Aquí puedes acceder al Soundcloud de CalamaroEn él, encontrarás (por ahora) unas 70 canciones inéditas (repartidas entre versiones, composiciones propias, directos…). Y subiendo. Por ello, nos permitimos rescatar el texto “las canciones son tatuajes” que escribimos cuando nos enteramos de que Andrés volvía a pasarse de la raya, aspirando al máximo posible, dispuesto a jugarse el tipo, la garganta, el prestigio y la nariz:


LAS CANCIONES SON TATUAJES

La honestidad no es una virtud, es una obligación
(Andrés Calamaro. Honestidad Brutal)

Hace mucho tiempo comenzamos una canción (a día de hoy inacabada) cuya primera estrofa decía:
                Si Keith Richards levantara la cabeza…
                si Calamaro perdiera veinte kilos…
               Si por venderme al menos te comprara…
              o tuviera para ponerte un piso.

Lógicamente, como pueden observar, la canción era un simplista Ubi sunt? sobre un tópico del rock tan cansino como cualquiera de los más manidos propios de las estrellas (destrozar hoteles, follar grupis en cadena, morir de sobredosis…): en este caso el del hooligan que se permite despreciar a un artista que, rechazando un pasado indiependiente, auténtico (ay dios) opta por venderse, convirtiéndose en patética caricatura de lo que un día representó y, por tanto, acaba no sólo traicionándose a sí mismo sino también, recórcholis, lo que es peor, fallando al público que un día confió en él. Y al que, claro, tanto debe. En fin, cosas de niños…
No se llamen a engaño: con esto no quiero decir que hayamos madurado y, por tanto, hayamos rechazado una canción tan simplista: seguimos siendo unos putos niñatos y la canción sigue en un cajón simplemente porque abandonamos casi todo lo que hacemos (como habéis podido escuchar, otra canción acaba –por tanto, mintiendo- “Yo que nunca acabé nada/ casi acabo contigo/ yo que nunca acabé nada/ he acabado tu canción”).

Esto viene a cuento porque el pobre Andrés Calamaro, tras una etapa en la que era la viva imagen de la felicidad (no sólo porque, si la felicidad se representa con una curva, él llegó a estar a punto de ponerse en órbita) ha sacudido a la siempre sedienta prensa argentina del corazón-rock (sí, parece ser que la hay) con recientes escándalos que recuerdan tiempos pasados: Andrés mete la pata con la mujer que le aguantaba, daba estabilidad y cuyo nombre se había tatuado para dar testimonio al mundo de su amor; ella le deja, Andrés se empieza a drogar como una bestia y graba canciones en las que toca todos los instrumentos y canta con voz desagradable mensajes que son descarados llantos en público, puro exhibicionismo gore de corazón abierto , desesperadas y patéticas súplicas de perdón. (Verbigracia: primera canción mandada a los medios: una versión de “Vivir sin tu amor” de Spinetta)
Y sí, somos tan críos que nos creímos todo aquel número en su primera versión. Un poco con el oficialmente consagrado por la crítica Honestidad Brutal (cuyo libreto se cerraba con un arrebatado epílogo explicativo de sólo dos palabras -“Por Mónica”-) y, sobre todo, con uno de, en nuestra opinión mejores discos de la historia de la música pop española (aunque de esto hablaremos en otro momento): el inconmensurable El Salmón, de tanta incontinencia creadora como farlopera.



Y somos tan críos que, pese a todo, vamos a seguir el remake intentando olvidar la desconfianza que Calamaro se había ganado a pulso con el irregular El Cantante, con el mediocre El regreso, con el simplemente bueno On the rock y con el infame El Palacio de las flores.
Porque creemos que Andrés es esa maricona llorona que, cuando quiere, suena más sincero que nadie y es capaz de humedecer a estas mariconas lloronas que le admiramos. Y si no escúchese ese desgarrado “por favor, ¿no ven cómo me estoy hundiendo…?” en “Un Barco un poco”, ese implorante “más hoy que estoy tan sólo y tan cansado de llorar, quiero saber si tú querrías regresar…” en la desesperada “Así”… O, sobre todo, esos vulgares intentos de preserva la dignidad en “Tu pavada” (“por favor, no pares nunca: mi único orgullo es saber que sos tan puta…”) y, especialmente, en quizás la mejor canción que nunca ha escrito, No son horas:“no te olvides que soy grande porque tengo multitudes que me esperan afuera…”
Sin embargo, mi verso preferido de Andrés siempre ha sido uno que para mí condensa esa bipolaridad que avanza a tumbos entre el orgullo y el ridículo (para acabar de dejarlo claro canta a dúo con Maradona) y que reza así: “Hoy me puse mi mejor traje/aunque no había ninguna fiesta:/ la verdad, todavía te quiero/ no me importa lo que te parezca…”
 Y es que el pobre Calamaro, gordo, escuálido, brillante o estúpido, con la voz que Ariel Rot definió como “la del millón de dólares” o con el horrible desafine propio de los últimos tiempos, es, siempre incontinente, excesivo, e inocentemente sincero. En definitiva, ese varón tierno (como le gusta insistir, quizás por un autocomplejo) y sentimental, que no tiene que arrepentirse de que compartan la misma piel el corazón tachado de Mónica con el símbolo de AC/JC (por Julieta Cardinali, su último error) sino que, como ya dijo Joni Mitchell, las canciones son los verdaderos tatuajes y, por tanto, la nueva producción a corazón abierto la única cirugía láser que puede borrar los últimos tropiezos es ese genio que, queremos pensar, no estaba muerto, estaba zampando bollos. Leré.




domingo, 29 de abril de 2012

¡¡Iniesta de mi vida!! Canción inédita de Extremoduro en directo



El pasado 27 de abril unos pocos afortunados que acudieron al acto benéfico de la fundación El Pájaro Azul, cuyos fines están orientados a la realización de proyectos de ayuda a los más desfavorecidos de África, se llevaron una tremenda sorpresa: la actuación sorpresa de Robe e Iñaki “Uoho” de Extremoduro presentando una canción inédita en el más absoluto de los secretos. 
“Estamos hoy aquí porque El Pájaro Azul no se identifica con ningún sistema ideológico, político ni religioso, y eso mismo nos pasa a nosotros”, dijo Robe justo antes de tocar la canción, según informa el diario La Nueva España.
Robe había pedido expresamente que no se anunciara su actuación. “Os presentamos esta canción que no tiene nombre, pero como estamos aquí por lo que estamos, podemos llamarla El pájaro azul; mañana, no sé”.

sábado, 28 de abril de 2012

Un Hombre Exquisito y sus poetas añadidos con las piernas abiertas




"Aviso"
es un poema de Alberto Tesán contenido en su magnífico poemario Piedras en el agua (editado por Pre-textos en el 2003). Hasta la fecha, desgraciadamente, su último libro publicado. Dice así: 

 AVISO
Con las piernas abiertas el mundo te sonríe
y yo muero de tanta ternura derramada
has quemado el dinero y toda mi paciencia,
pero te dejo hacer, segura entre las sábanas
con algún muchachito aspirante a poeta.
Empiezan a cansarme, sin embargo, las lágrimas
que sirven de chantaje en el peor momento,
y esa pose tan tuya de niña maltratada
que exhibes en tertulias con tanto desparpajo.
No te engañes, cariño, los años no perdonan.
Y tu edad es la edad brumosa del dolor.
Está cercano el día en que te sientas sola,
escuchando, a oscuras, la voz rota de Joplin.
Entonces no me llames, ni busques mi consuelo.
He aprendido a tu lado, a ser obedecido.
Cuando marques mi número y suenen tus disculpas
estaré celebrando tu piel envejecida
con la primera nínfula que sepa lo que busco:
la sumisión total a todos mis caprichos.

Nosotros hicimos una adaptación del poema, al que metimos un estribillo, un puente y del que nos vimos obligados a recortar un par de versos casi perfectos (“No te engañes, cariño, los años no perdonan./Y tu edad es la edad brumosa del dolor”) por razones musicales que yo no entiendo.
Aunque siempre la hemos conocido como "Tesán" o "la de Tesán" para no liarnos, en realidad se llama, para no liaros, "Con las piernas abiertas".

Según Ricardo Senabre: "Para un poeta que lo sea de verdad, recordar no es nunca repetir. Es utilizar, transformar, crear algo nuevo; incorporar, en suma, el eco ajeno a la voz propia e inconfundible".
Según Reyes: "Toda cita directa, incluso la más literal, es un simulacro, una imagen hecha a semejanza de otra cosa, nunca completamente igual a su modelo. Sólo por desplazarse de contexto, el texto citado se altera irremediablemente".

Nosotros sabemos que carecemos de voz propia, que no somos poetas de verdad. Pero confiamos en que el desplazamiento o la alteración de un poema de semejante calibre se haya convertido en una letra de canción inusitadamente buena. Al menos, para nuestro repertorio. En definitiva, que pese a nuestra contribución siga siendo casi tan buena como el poema de Alberto Tesán, sin traslaciones ni ecos que puta la falta que le hacen.

En nuestro, a falta de un nombre mejor, concierto-recital como “Un Hombre Exquisito y sus poetas añadidos” incluimos un fragmento del poema Sospecha, de Víctor Martín Iglesias, contenido en Cómo hemos llegado a esto (editado por Casavaria en 2010) y, desgraciadamente, hasta la fecha, su único poemario publicado. Igual que al musicar un poema de Alberto Tesán, sabíamos que contábamos con ciertas garantías: con un texto tan bueno era difícil que no quedara medianamente bien. Y ya que contábamos con la colaboración especial del pedazo de guitarrista Fernando Merino (que ya ha demostrado su talento en varios proyectos y, en especial, en el grupazo Anemsis, del que es fundador y compositor) sabíamos que muy mal se nos tenía que dar… Que puede que haya sido así. Pero con estos textos y estas colaboraciones, creemos que seguirá mereciendo la pena.

SOSPECHA
Estando como estamos tan pendidos
de un hilo, somos capaces sin embargo
de mantenernos vivos en este mundo
de armas de asalto y detectives;
nuestro mismo odio que se transforma
en gusanos como se transforman
condenadas ciertas mariposas
ni nos trae por las calles
de la amargura ni nos beneficia.
Nos condena a los mismos libros
donde la muerte no es siquiera un personaje
y los prólogos son como epitafios
y el escritor no tiene un contrato
literario como Dios manda.
Como ves me he vuelto loco
y ya no sé ni lo que te escribo,
ni si debiera escribirte esto,
sospecho que a veces piensas
en otros cuando follamos.
Pero qué puedo hacer si hasta me sacan
de quicio los teléfonos que comunican,
las novelas que calibran con cuidado
la intriga que me dan en cada línea.
Volverá masturbarse a ser pecado,
aunque no por ciegos nos quedamos
sin mirar lo que mirar quisimos
sino por no saber mirar.

martes, 24 de abril de 2012

La droga de la autocomplacencia

La poeta Myriam Rubio me prestó el otro día la antología Frágil de Eva Vaz, que recoge lo mejor de su poesía escrita entre los años 2001-2009. En ella, entre varios poemas preciosos y alguno cojonudo, encontramos "El hombre del brazo de oro", en clara referencia a la película de Otto Preminger, perteneciente a su libro Metástasis y que en las dedicatorias se reconoce como dedicado a "el hombre que casi conoció a Michi Panero". Aquí lo tienen:

El hombre del brazo de oro
Voy asistiendo a tu entierro
lento y cotidiano.
Observando la evidencia
de que la ironía
es la única respuesta
que te permites
cuando te miras por dentro.
El exceso,
cuando te miras por fuera.
La benevolencia,
cuando lloras tu caricatura.
Cuando das manotazos torpes al aire
como un espantapájaros desmesurado
y absurdo.
Y es que asisto a la certeza siniestra
de que por fin encontraste dentro de ti
el único calmante
para la fatiga de ti mismo
y tu dolor de mundo.
Para rendirte a un determinismo
estético y sedante.
En este mundo estás muy huérfano.
Y es que prefiero obviar
tu suicidio lujoso y sórdido;
tu suicidio doméstico,
hortera y elegante.
Quiero obviar el exceso
de tu propia exhibición.
Y el perdón que te concedes.
Y me pregunto quién quieres ser
probada la droga de la autocomplacencia.
Comprobada la amabilidad de tu gesto
cuando te llenas las venas de paz
y la camisa de sangre.
Si te convertiste en un hombre de corcho
o de hojalata.
Nunca supiste cuánto te amé
sin amarte.
Nunca.
Y ahora, ahora,
ponle música a estas letras.
Y canta, canta…
yo bailaré, bailaré
bailaré…
hasta el día en que
te mueras.




domingo, 15 de abril de 2012

Concierto-recital: Un Hombre Exquisito y sus poetas añadidos II (Con un invitado muy especial)


(En la imagen: Un Hombre Exquisito y sus poetas añadidos junto con "el poeta que murió de éxito" -foto de archivo-)

El próximo sábado 21 de Abril a partir de las 22:30 Un Hombre Exquisito y sus poetas añadidos (Víctor Martín y Víctor Peña) darán un concierto-recital en la librería-café La Puerta Tannhäuser de Plasencia que, posiblemente, aterrorizaría por igual a músicos y poetas de no ser porque, esta vez (y esperemos que muchas otras), contarán con la colaboración del impresionante guitarrista Fernando Merino (fundador del grupazo Anemsis y conocido, aunque no tanto como debiera, por haber deslumbrado con su sapiencia guitarrera en multitud de grupos).
El (a falta de un nombre mejor) concierto-recital contendrá poemas de Víctor Martín y Víctor Peña y canciones de Un Hombre Exquisito que esperamos que os gusten,  punteos de Fernando Merino que, seguro, os fliparán y, a lo mejor, alguna sorpresa que, quizás, os sorprenda. Así que, el que pueda pasarse (recordamos que el Barça-Madrid es a las 20:00 y os da tiempo de sobra) ya tiene una excusa más para cruzar la Puerta Tannhäuser de Plasencia y ver cosas que nadie creería (como que, esta vez y sin que sirva de precedente, hemos ensayado y todo).

Palabra.



viernes, 23 de marzo de 2012

Maquetucha: Nota de suicidio comercial



Esto que, desgraciadamente, pueden escuchar en el reproductor  de su derecha, es una colección de canciones a medio descomponer, mal cantadas y peor grabadas, en torno al amor y, sobre todo, el desamor, las drogas, el alcohol y la resaca. Están enfocadas con humor, con desesperación y, nos tememos, con una sinceridad e inocencia no pretendidas que ahora nos avergüenzan y enorgullecen a partes iguales.
Sin embargo, hoy solo podemos ofrecerles guitarras y voces sin cuidado por la afinación. El resumen es que tenemos un número de temas que no nos abochornan y hemos grabado, dentro de nuestras escasas posibilidades, para hacernos una idea. Y, esperamos, para que ustedes se hagan una idea.
Eso sí, determinemos ciertos puntos: que no haya bajo, batería, etcétera, no es por ir de auténticos o chorradas de esas, sino porque somos unos tristes. Pero, que quede claro, si llegamos a grabarlo como esperamos, haremos un disco de rocanrol. Y esto, que nos parece evidente, es importante que resulte incuestionable. Desde el principio. Desde ya.

En definitiva, esto es solo el anticipo no solicitado de un disco aún por pergeñar sobre hacerse mayor sin envejecer en el intento. Mientras tanto, continuamos nuestro penoso camino hacia algo que se asemeje a un disco. Gracias por su paciencia.
(Texto incluido en la contraportada)




jueves, 15 de marzo de 2012

Crónica de la presentación de MIGUELITO: el artista antes conocido como Lichis.

Miguel Ángel Hernando Trillo es un ser humano genial, agudo, tierno y entrañablemente inseguro. Tanto que siempre se ha escondido tras un mote (Lichis), un personaje (en superficie frívolo y canalla) y en un proyecto musical que, para aquellos infelices que no le dedicaron la atención suficiente, no pasaba de ser un grupo graciosete y rumberillo (La Cabra Mecánica).  En fin, ellos se lo perdieron.
Ahora, con cuarentaypocos y tras haber firmado algunas de las letras más inteligentes y de las canciones más redondas del pop español, tras conseguir algún éxito y encontrarse algún que otro batacazo, se ha decidido a mostrar su lado más introspectivo, serio y, sobre todo, desarmado. Tanto que a su proyecto en solitario le ha bautizado con el nombre de la canción que Depedro había dedicado a su estado de ánimo levemente depresivo, ese Miguelito que necesita que le mimen y del que esperamos canciones. Tanto que, si antes las referencias había que buscarlas entre líneas (como esa maravilla de “Reina de la mantequilla” como homenaje a “Butter Queen”, célebre groupie de los Rolling Stones) ahora pone las cartas boca arriba con un proyecto de homenaje a las raíces del blues (Troublemakers Blues Review) y con unas nuevas composiciones más country y blues, añejas y curadas en barrica.
Eso sí, este ejercicio de sinceridad cuesta, y más si eres Miguel Ángel Hernando y llevas tanto años aparentando ser el feliz cabraloca que canta en La Cabra. Por eso imagino que solo ahora, año y medio después del primer cálculo, empezamos a ver la luz al final del túnel aquellos que le esperamos como agua de mayo.
Anoche se estrenaba en el Café La Palma de Madrid, presentado como “una muñeca rusa” y, como mandan los cánones del tímido con buen gusto, tirando de deliciosas versiones. Abrió con una revisión muy lenta y cálida de I´m so lonesome I could cry de Hank Williams que, por supuesto, también era un guiño al maestro Cash y su profeta Rubin: el mejor felpudo posible para entrar con buen pie en tan hospitalario recibidor. Siguió con So Long, Marianne de Leonard Cohen que, ahora, parece escrita expresamente para Dylan o, mejor, escrita expresamente por Dylan para Lichis: porque igual que el maestro Zimmerman, Miguelito paladea con mayor dulzura y escupe con especial aspereza algunos versos, en este caso, vayan ustedes a saber por qué, justamente estos:

You know that I love to live with you,
but you make me forget so very much.
I forget to pray for the angels,
and then the angels forget to pray for us.


So long, Marianne ... 

La tercera, presentada con un “vamos con una de La Cabra… porque habrá que hacer alguna…” es –Gracias por nada, en cuyo estribillo vuelve a demostrar que, junto con Loquillo, es uno de los cantantes que mejor berrean en castellano y, de nuevo, parecen, o suenan, o me parecen o me suenan especialmente relevantes los versos:

“solo consideraré amigo
 a aquel que pueda invitar a casa
 sin esconder mi mejor ni mi peor disco…
Resumo lo vivido por escrito:
Y gracias por nada”

El tímido comienza a soltarse y presenta al fin a sus músicos que, en realidad, no necesitan presentación porque son famosos, respetados y, sobre todo, fieles compañeros de aventuras pasadas: Fernando Polaino, Julián Kanevsky y José Bruno. Tal vez por esta comodidad se le pasa presentar la siguiente canción: “Lo mejor de nuestra vida” de Antonio Vega, que sabe convertir en suya, enlazándola muy bien con el aire entre melancólico y orgulloso de la anterior y reivindicando a otro autor a menudo devorado por su personaje del que siempre han de permanecer las canciones y versos como:
“Lo mejor de nuestra vida:
 aprendimos a mentir y a no sentir temor
Del amor, que antes dolía…”

No es hasta la quinta canción y después de quince minutos de introducción cuando Miguelito se decide a despegar. Y lo hace con “Horas de Vuelo”, canción grande, que pretende hacer balance de todo lo vivido y aprendido (“lo que creí que el dolor me enseñaría/ (…) lo que di por bueno cuando ya estuvo bien”) y de una forma de entender la vida y, probablemente la música (si es que no son la misma cosa para un artista como Lichis): “Seguir negando el frío hasta tiritar de rabia” exclama sin necesidad de gritar, con la profundidad que le da la experiencia y tantas horas de vuelo que, probablemente, incluyen algún aterrizaje forzoso.



Subiendo levemente el pistón viene “Salir a asustar”, que incide en esa ácida ironía sabia que siempre tuvo La Cabra Mecánica:

Creímos estar exprimiendo el limón
y no nos equivocamos:
dimos varias vueltas al Sol,
fuimos “lo mejor que habían visto en años”

(…)
Ser felices tampoco parecía demasiado
Para aristócratas de barro
(…)
Ahora que ya no salimos
Ahora que ya no salimos
Salimos a asustar

(Probable single del próximo proyecto o, ya que eso no depende de nosotros y, en cualquier caso, importa cada vez menos: indudable temón).

A continuación viene "Woman", delicada y a punto de romperse, muy próxima al original de Lennon y que al terminar Lichis se siente obligado a justificar con un “a ver… ¡que hay que evolucionar!”. Pero esa evolución nos conduce a “Casi Rock&Roll”: anti-himno parecido a “Valientes” en el tratamiento de la mínima épica diaria, con versos como:

Será mejor que llames a quien puedas llamar “amigo” en el último regate
O “va a ser aquí, va a ser así, va a ser ahora”.

Ya cerca del final cae el último inédito de la noche: “Televisión de madrugada”, una composición muy, muy Quique González que va progresivamente distorsionándose hasta aproximarse mucho a Wilco, incluso en la voz.

Queda tiempo aún de reivindicar otra vez a La Cabra con "Carne de canción" y su inmejorable estribillo (“somos carne de canción/ y todas van de lo mismo/ no esperes paz ni perdón/ si das con el estribillo”) que en este caso se “atexemiza” aún más pese a tener que suplir las trompetas con una brillante slide que remite a Calexico y Nueva Orleans. Sin embargo, de nuevo, transmuta la melancolía a una reivindicación cabrense y lichiana, con unos jaleos de Polaino y cía que nos remiten a aquellos “díselo, Bambino” y que recuerdan que Lichis, aunque ya no se ponga, aún sabe ponerse flamenco. (Queda dicho si algún día le echarais de menos)

Para terminar Miss camiseta mojada de Quique González y un turno de preguntas en el que nos tranquiliza: de aquí a un mes o mes y pico va a salir de una puta vez un discazo bajo el nombre de Miguelito y, en lugar de tener que leer pesadas e inexactas crónicas, podréis disfrutarlo por vosotros mismos. Ponen el broche con dos bluses a lo Troublemakers Blues Review (“Black dog” de Led Zeppelin y “Crazy for my babe” de Willie Dixon). Pero eso ya era lo de menos porque, aunque fuera con cuentagotas, lo que más nos interesa de todo esto (por encima del Lichis melómano, intérprete o bajista) es la vuelta al ruedo de uno de los mejores autores de canciones en castellano. Ya le dejamos escapar una vez y seríamos muy tontos si le dejáramos marchar otra vez como si nos lo pudiéramos permitir.

P.D. MUERTE A LOS FALSOS PROFETAS DEL ROCK DE AUTOR

Lichis recibiendo del poeta Víctor Martín su primer libro y la maketucha de Un Hombre Exquisito, cuyo título (Nota de suicido comercial) es, justamente, un homenaje a La Cabra Mecánica. Qué menos.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Los horteras botines de Loquillo (Actualización)

Hace un tiempo, para nuestra sección Amítampocomegusta (de “poesía para aquellos a los que no les gusta la poesía y relaciones -no siempre vejatorias- entre música y acordes”) escribimos un post sobre Su nombre era el de todas las mujeres: el nuevo disco de Loquillo con poemas de Luis Alberto de Cuenca, musicados por Gabriel Sopeña y producido por Jaime Stinus. En él, también aprovechamos para hacer una especie de pequeño monográfico de toda la carrera del rocker catalán. Hoy os lo ofrecemos de nuevo por varias razones: Loquillo anuncia que da por finalizada su gira de presentación por teatros del disco (“A solas”) y que empieza a trabajar en su nuevo proyecto “de garaje” con Sabino Méndez y, posiblemente, The Right Ons y, además, hace poco pudimos asistir a uno de sus concierto en Salamanca y parece un buen momento para hacer balance de todo ello:

Muchos de mi generación hemos siempre mirado con suficiencia a Loquillo: es un flipao, está más pasao que Eddie Crocham, ¿quién coño se cree que es este tío que canta regular, escribe normal y se pasea como si fuera un trasunto de Dylan, Elvis, Sinatra, Adolfo Suárez, Berlusconi y Scott Fitzgerald?
Hay que reconocer que Loquillo tiene muchos defectos: no ha cambiado de peinado en 30 años, el logo de su banda (estampado en chupas de cuero,  para más inri) era un dibujo animado bastante ridículo, su banda se llamaba Los Trogloditas, él se sigue llamando Loquillo cuando tiene más de 12 años, a veces habla de sí mismo en tercera persona (y entonces dice “El Loco”) y, sobre todo, se ha creído que tener “actitud” es tener una pose forzadísima a la hora de las fotos y engolar muchísimo la voz cuando crees que vas a decir algo importante. Además, sus videoclips son seguramente los peores de la historia del rock español… (consúltense "Con elegancia", "Cuando pienso en los viejos amigos", "Cadillac solitario"…¡"La vida que yo veo!")

Es cierto que a veces transciende el nivel de horterilla o puretas desfasado para rayar lo patético. En general, y en resumen, como cualquier persona que ha vivido intensamente los 80, parece tener serios problemas para hacer una criba entre el buen y el mal gusto.



Pero siempre que se hablen de discos de poesía adaptados al lenguaje del rock hay que tenerle más que presente. Bueno, mejor dicho, siempre que se hable de rock español o de madurar con estilo (sí, con bandazos y equivocaciones, pero a los 50 años muy pocos son capaces de hacer Balmoral) hay que tenerle presente. De hecho, en realidad, y por muchos defectos que tenga, mi generación, al hablar de música, siempre debería tenerle presente: 
Loquillo empezó en la música sin saber tocar ningún instrumento, sin tener una buena voz y sin escribirse sus propios temas.  Que pudiera grabar discos ya tiene mérito. Que triunfara, ni te digo. Que siga aquí 35 años después, es encomiable. Y, desde luego, indica que algo ha sabido hacer bien.

En el fondo es  bastante sencillo: Loquillo es un personaje creado por José María Sanz que ni se cree tan guay, ni tan guapo, ni tan chulo y, sobre todo, es mucho más listo. Y siempre ha sabido que para triunfar o, sobre todo, para hacer buenos discos, hay que rodearse de los mejores. Y es lo que ha hecho siempre: primero, con Carlos Segarra; luego, con Sabino Méndez; después, con Gabriel Sopeña. De vez en cuando con textos de Gil de Biedma, Jacques Brel, Lorca… y ahora con un disco íntegro de poemas de Luis Alberto de Cuenca.

Y los que alguna vez nos hemos atrevido a mirarle por encima del hombro deberíamos pararnos a pensar si no es cierto que tiene un repertorio de, al menos, veinte hits, diez joyas, y otras treinta canciones que cualquiera querría en sus discos. Y luego darse cuenta de que, igual que José María Sanz nunca ha sido un rockabilly talibán, sino un amante de la buena música que ha sabido asimilar y comprender mejor y antes que nadie a Calamaro, Love of Lesbian, Sidonie, El Columpio Asesino, Bunbury o Fito. En resumen, a veces hay que quitarse la cera de los prejuicios y escuchar.

Y si lo haces y no eres imbécil podrás decir que la portada te parece una horterada, que algunos poemas parecen haber sido seleccionados al azar, que la inclusión de "La tempestad" no tiene ningún sentido, que los arreglos de "La noche blanca" son más que discutibles… Pero no puedes discutir que, pese a esos arreglos, "La noche blanca" es un buen tema, que "Su nombre era el de todas las mujeres" y "Farai un vers de dreyt nien" están más que bien y que “La Malcasada” es la mejor canción de un poema musicado desde, al menos, "Julia Reis" (en el disco de poesía de Loquillo La vida por delante) o “Con Elegancia” (en el disco de Loquillo del mismo nombre). Y, desde luego, es mil veces mejor que “Con las piernas abiertas” o “La Soledad desierta” de Un Hombre Exquisito. Que ya quisieran llegar a poder atar los botines blancos del hortera de Loquillo...


ACTUALIZACIÓN
El día 2 de Marzo, Loquillo actuó en Salamanca, hecho que coincidió con la intervención de Víctor Peña en el recital Como lo Oyes de la Facultad de Traducción, por lo que había una excusa ineludible para juntarse a beber y grabar unos vídeos (uno de los cuales ya os hemos enseñado por aquí y otros de los cuales hemos tenido la prudencia de reservar).
Pese a todo, conseguimos arrastrarnos en un estado lamentable al concierto y asistir al show de El Loco y su banda en el CAEM, donde pudimos presenciar la confirmación de mucho de lo que habíamos escrito hace bastante y reiterado ahora un poco más arriba:
El Loco, más que clase, tiene estilo y, antes que por el buen gusto, ha optado por la opulencia. Todo parece y suena impostado en su espectáculo A Solas, que ya desde la intro se muestra ampuloso y artificial. Deliciosamente ampuloso y artificial. En este show Loquillo canta, por ejemplo, “La vida es de los que arriesgan” y, aunque esto es discutible, sí parece empeñado en demostrar que, al menos, el escenario es de los que se la juegan. Y así, entre poses afectadas, declamaciones de primero de interpretación y gestos para la galería, Loquillo fue completando un concierto increíble, que de tan falso resultaba increíblemente auténtico.

Según una de tanas leyendas que se le atribuyen, Keith Richards dijo una vez que el primer paso para convertirte en Keith Richards es creértelo y, desde luego, parece claro que Loquillo, para convencernos de que lo que hace es bueno ha optado por autoconvencerse primero plenamente. Y gracias a esa convicción “La vida es de los que arriesgan” y “Después de la lluvia” sonaron mucho mejor de lo que lo hacen en disco y, especialmente, “El encuentro”, uno de mis poemas preferidos de L. A. de Cuenca que en el disco queda desangelado, alcanzó el nivel que siempre deseamos que pudiera llegar a tener y luego lo rebasó, sobrevolando sobre el desfasado tupé del Loco y alcanzando, posiblemente, el espacio exclusivo para los grandes artistas.



Esta desconfianza inicial a las canciones arriba citadas no tenía espacio cuando hablamos de "Cuando pienso en los viejos amigos" o "Con elegancia" ya que esta última es, probablemente, una de las mejores canciones en castellano de los últimos años. Pero tampoco contábamos con que entonces ya nos iba a tener completamente ganados y él iba a estar tan arriba que, aunque se paseara por el patio de butacas, había que mirar muy alto y muy lejos para llegar a verle la suela de los botines.



ACTUALIZACIÓN DOS:


Loquillo ya ha dado por cerrada esta gira y esta etapa y se encuentra preparando un disco "de garage" (sic) con canciones de Sabino Méndez, que será arreglado y grabado, se rumorea, junto con The Right Ons. Así que si, al final es así, demostrará tener una capacidad de reciclarse y asociarse más que envidiable (The Right Ons son, seguramente, de los grupos más prometedores de España). Y, aunque igual nos dé tiempo a mirarle un rato con suficiencia, a reírnos de la portada y del videoclip que elija, más que probablemente también nos hará rendirnos a la evidencia.


ACTUALIZACIÓN TRES:


El disco se encuentra ahora mismo en proceso de grabación y, según la entrevista publicada este mes en Rockdelux, saldrá a la calle entre el 30 de Abril y el 10 de Mayo. 


P.D. En lo de apostar por los Right Ons tenemos el permiso del propio Loquillo, que publicaba en su web:
"Es cierto que Sabino Mendez y yo llevamos un tiempo trabajando en un proyecto conjunto, para qué ocultarlo más.
Ambos estamos de acuerdo en que Igor Paskual era nuestro hombre, el encargado de buscar una banda de garaje que encaje en el puzzle.
Una banda joven, emergente, con imagen y mala leche, rabia y actitud. No hay miradas al pasado, esa perspectiva está totalmente descartada. Será como “Su nombre era el de todas las mujeres” un disco coral e intergeneracional.
El nombre de la banda? … pues se admiten apuestas!" 



Ya sabéis cuál es la nuestra (ojalá que, por una vez, acertemos en algo).

martes, 13 de marzo de 2012

Canciones Atraversadas (La Linga)

Llevábamos mucho tiempo sin actualizar Amítampocomegusta (nuestra sección de “poesía para aquellos a los que no les gusta la poesía y estudio de relaciones –no siempre vejatorias- entre versos y acordes”). No es que nos hayamos quedado sin nada de qué hablar (tenemos en la recámara, los escuchamos y no olvidamos, discos como Supone Fonollosa de Albert Pla, Val del Omar de Lagartija Nick, Guerrero Alvárez de Javier Álvarez y Pablo Guerrero o Poesía básica de Extrechinatoytú…) sino que somos pocos, vagos y cobardes. Ya iremos actualizando. Prometido.

Antes de hablarles de alguno de estos discos con la atención que merecen, queríamos recordarles que LA LINGA acaba de sacar Canciones Atraversadas, un disco en el que musican a 12 autores contemporáneos y que nos presentan así de bien en su web:

Sabemos que el disco ha muerto. Y el rock, y la poesía. O por lo menos eso dicen. Y también dicen que la gente está muerta de alguna manera, que ya casi no se mueve. Y algo vivo que no se mueve es porque casi ya está muerto. Nosotros hemos llegado a la conclusión de que nos encantan los muertos. Puede que sea por ese alma de enterrador que llevamos dentro, o posiblemente, porque creemos que todavía no hay nada de lo anterior muerto del todo, salvo el disco, pero nosotros creemos fervientemente en las cosas físicas que se pueden tocar. Y por todo eso, y porque estamos seguros de que no está muerto del todo, ni el rock, que nos emociona; ni la poesía, que nos encanta; ni las personas, aunque en estado terminal algunas, tan maravillosas otras… a nosotros nos ha llegado la hora de levantar la voz y gritar bien alto que estamos vivos y nos apasiona todo esto.
Por eso hemos hecho un disco de rock y poesía, la mejor mezcla que haya existido jamás. Igual sólo te gusta el rock, o la poesía, o las dos cosas o ninguna. En todo caso, coge lo que quieras.
Y por todo lo anterior, lo hemos hecho para tí.
PON EL VOLUMEN AL MÁXIMO Y DISFRÚTALO. ¡¡¡PONLO JODIDAMENTE ALTO Y CIERRA LOS OJOS!!!



Entre los poemas musicados encontramos, por ejemplo, este de Rafael Valdivieso

VIAJE DE FIN DE CURSO
Voy a quebrarle de un cantazo
la nariz a Nefertiti.
Voy a cortarle los cojones
al David de Miguel Ángel.
A ver si los poetas de la corte
se deciden de una vez a decir algo.

Este otro de Macarena Trigo

CONTACTOS
Por si a alguien le interesa hoy estoy sola
(y los que me conozcan que se callen).
He pensado en subir a un tren cualquiera
para ver dónde acabo y cuánto duro.
Por si a alguien le interesa estoy abierta
las veinticuatro horas de la noche
para vivir tan mal como merezco.
Por si a alguien le interesa estoy en venta
(y los que me conozcan que se callen).
Conservo un buen estado de salud,
tengo la risa floja últimamente
y bebo tan deprisa como siempre
para salir barata y más desnuda.
Por si a alguien le interesa yo no miento
(y los que me conozcan que se callen).

Y, probablemente el mejor de todos, como siempre, este de Raquel Lanseros:

LA MUJER HERIDA
Si alguna vez amaste
con uñas y con dientes,
sin red,
sin salvavidas,
acertarás a ver el vértigo insondable
que se extiende a los pies del desengaño.
Ella creyó encontrar la fuente del principio
cuando lo conoció en medio de la tierra
sin más escudo que su piel de hombre
bruñida por el sol igual que el oro viejo.
Lo amó sin precipicios ni preguntas,
tiernamente, en silencio,
con esa gratitud que provoca la lluvia en primavera.
Todo era tan sencillo.
Los versos plateados de poetas infinitos
parecían seguirla a todas partes
como si el corazón se hubiera convertido
en un fiel animal domesticado.
Porque no existe nada que dure eternamente,
una noche aprendió, como tantos lo hicieran
antes y después de ella,
que el amor es un río con cataratas propias
y remansos ajenos
que siempre desemboca en el océano.
Míralo de este modo: la vida te ha enseñado,
siguiendo su costumbre de incansable maestra,
cómo el alma dibuja
serenas cicatrices sobre viejas heridas.

En http://lalinga.com/ podéis encontrar todos los textos de Canciones Atraversadas y, sobre todo, el resto de su discografía (incluidos los muy recomendables Pan y circo y Beber con las manos) en descarga gratuita.
Ya estáis tardando, creo yo.